lunes, 6 de julio de 2015

1
Lucho y Jimmy son dos viejos amigos cuya amistad viene desde la infancia, pues ambos crecieron en la misma barriada. Ahora son vecinos y sus respectivas familias disfrutan de esa cordialidad.

Lucho es un bonachón y saluda efusivamente a su numerosa amistades. Trabaja independientemente manejando un taxi de su propiedad. Siempre ríe y gasta bromas a los demás. Con frecuencia se le ve departiendo y divirtiéndose.

Jimmy, que si bien a menudo acompaña a Lucho, es más bien serio, de pocas palabras y poco efusivo. Es empleado de la alcaldía. Siempre procura tener conversaciones que despierten su interés.

Esa tarde estaban en la esquina tomando unas cervezas a petición de Jimmy, quien había quedado muy conmocionado por el sepelio de una amiga del barrio, muy querida por todos. Estaban en eso cuando pasó José.
Jimmy- ¡Jose! ¡Jose!- Lo llamaron familiarmente así.
Jose- Hola muchachos.
Lucho- Siéntate y tómate una. Nosotros estamos aquí mitigando un poco la pena por el fallecimiento de la hija de Juaco. Acabamos de llegar del cementerio. Jose, un muchacho de figura menuda, había llegado a ese barrio cuando iniciaba sus estudios secundarios. Era muy estudioso e inteligente. Pronto se convirtió en la tabla de salvación de los muchachos de la cuadra cuando tenían problemas con sus tareas escolares, bien ayudándolos o prestándoles los libros. Por eso se ganó el aprecio y respeto tanto de jóvenes como de adultos. Hoy día ejerce como médico forense.

Jose- Sí, yo le di el pésame, pero no pude acompañarle al sepelio porque estaba de turno esta tarde.
Jimmy- Viejo Jose ¿cómo puede suceder algo así? Ella estaba tan llena de vida y de pronto ¡pum!
Jose- La vida es así. Entre la vida y la muerte se teje un hilo demasiado delgado.
Lucho- Caramba, uno vive 40, 60, 80 años o más, para al final tener que morirse.
Jose- Así es viejo Lucho. La vida es una lucha constante para poder sobrevivir un tiempo más.
Jimmy- Era tan linda, escultural, tan bella persona y miren.
Lucho- ¿Qué va a pasar ahora con ella? Cuéntanos Jose, tú que sabes de eso.
Jose- Bueno, en el humano hay dos partes: la espiritual y la material. De la primera no soy el indicado para hablar, pero de la segunda, del cuerpo, sí les puedo contar, aunque espero no dañarles el rato.
Lucho- ¿Es así de desagradable?
Jose- Depende del punto de vista. Si entendemos que eso es cierto, real e inevitable, no hay problema.

Con evidente ansiedad Jimmy pidió que les explicara paso a paso, que ellos serían todo oídos. Jose, tratando de ser claro y sencillo en su comentario, tomó la palabra.
-Bien, después de morir el cuerpo empieza a enfriarse comenzando por los pies y las manos, hasta llegar a unos 20 grados. Esa temperatura en el recto, es signo inequívoco de muerte. Aunque hay excepciones de personas que murieron de tétano o electrocutados.

Lucho no pasó por alto la oportunidad de hacer gala de su buen humor.
-Jimmy, procura no desmayarte porque me tocaría tomarte la temperatura.
Jose- Luego viene la rigidez cadavérica a las cinco o seis horas después de morir. En estos momentos se da el caso de que un muerto se ventosea.
Lucho- Le hicieron daño los últimos frijoles.
Jose- No, lo que sucede es que se liberan gases. Es más, se ha dado el caso de mujeres muertas que dan a luz. Después viene la lividez que son manchas en el abdomen, en tórax y extremidades. La piel se reseca y parece pergamino.
La sangre se hace espumosa. Se cae el cabello y los pelos. Sustancias tóxicas en el intestino producen gases y aparecen manchas verdes en el estómago. A partir de este momento empieza la descomposición del cadáver.
Jimmy- Oye Jose. Será que uno en... esos momentos... este...
Jose-Tranquilo, pregunta lo que quieras, que si puedo, te respondo.
Jimmy- No, nada, nada. Sigue.

Evidentemente el tema de la conversación estaba afectando a Jimmy.
Jose- Entonces continúo. La piel empieza a desprenderse y poco después las uñas. Los gases se acumulan en la cara, el cuello, el tórax e incluso en el pene que se hincha enormemente. Estos gases son muy inflamables.
Jimmy- Espera Jose. Pide tres más mientras voy al baño.
Lucho- ¡Ey, Jimmy! ¿Tú crees que ya se te está llenando de gases?

El expositor, ya más entusiasmado con las cervezas, continuó:
En un segundo período los cambios en el cadáver son más severos. La piel desapareció, el abdomen se afloja, las costillas se desprenden y el cerebro se licua. En un tercer período desaparece la cara, los músculos del tronco y de las extremidades comienzan a desaparecer y los órganos genitales se atrofian.
El cerebro es como arenilla.

Lucho, que hasta el momento no había intervenido propiamente en el tema, creyó oportuno aclarar algo.
-O.K. Yo creo haber entendido bien lo que has expuesto, pero hay algo que no entiendo.
Jose- Está bien, dime.
Lucho- Bueno, que al final queda un montón de huesos ¿Y qué se hacen las 100 o 200 libras de carne, o las 300 del gordo Rafa? ¿Acaso se evaporan?
Jose- Sí, más o menos eso ocurre. La verdad es que en cada período de la putrefacción de que hemos hablado, aparece toda una familia de insectos que van devorando el cadáver en aquellas partes que más les gusta. Luego, en el siguiente período, aparecen nuevas familias que siguen devorando el cadáver y a los insectos anteriores. Por último, de los 6 a los 12 meses, aparecen los ácaros y desaparecen todo, hasta el polvo.
Lucho- ¿Y de dónde salen esos bichos?
Jose- De ninguna parte, tú solito te encargas de llevarlos.
Lucho- Carajo, este cuento es todo un “rollo” ¿Jimmy, tú qué opinas? ¡Ey, Jimmy!
Jimmy- ¡Ah, sí, sí, claro!

2
La velada del día anterior se prolongó hasta media noche. Al día siguiente, domingo a medio día, Lucho y Jose se encaminaron a casa de Jimmy a averiguar por qué no asistió a las prácticas deportivas dominicales. Los atendió Rosa, la esposa de Jimmy, que por cierto, estaba de mal humor.
Lucho- ¡Hola Rosa! ¿Y dónde está Jimmy?
Rosa- ¡Donde va estar! ¡Durmiendo! ¿Ahora pueden decirme qué carajo le dieron de beber a ese tipo ayer, que lo pusieron así?
Jose- Que le íbamos a dar ¡cerveza! Si eso fue lo que tomamos ¿Por qué? ¿Qué le pasó?
Rosa- Que nos trasnochó a todos porque no quería dormir y nos puso a los pelaos y a mí, a tocarlo y pellizcarlo a cada momento dizque para comprobar que todo estaba bien.
Lucho- ¡Qué vaina! Bueno, dígale que nos vemos en casa de Juaco, en el velorio.

Esa noche en el velorio de la chica.
Jimmy- ¡Hola jóvenes! ¿Qué tal?
Lucho- ¡Hola Jimmy! ¿Ya reposaste tu borrachera?
Jimmy- Con esta taza de café quedo arreglado. Oigan muchachos ¿Ustedes no creen que debieron esperar un día más antes de enterrar a esa chica?
Lucho- Oye, verdad ¿Tú qué opinas Jose?
Jose- Que ya todo está hecho.
Jimmy- Dios ampare a mis hijos, pero si uno de ellos llegara a morir, yo creo que esperaría a que el estómago se le ponga verde como dices tú, por si acaso.
Lucho- ¿Será que a uno lo entierran y no se dan cuenta que está vivo? ¿Tú que dices?
Jose- Puede suceder y de hecho ha sucedido. Hay muerte aparente y muerte real.
Jimmy- ¿Y como sabe uno cuál es cuál?
Jose- Por los síntomas. Por ejemplo, en la muerte aparente, como sucede cuando sobrevienen algunos síncopes, las funciones vitales pueden llegar a su mínima expresión y la persona parece como si estuviera muerta. Después esos signos reaparecen.
Jimmy- ¿Cuáles signos?
Jose- La respiración y la circulación de la sangre. En la muerte real estos signos desaparecen, como también la sensibilidad sensorial y cutánea. La persona no siente al tacto, ni al dolor, ni al calor. No se mueve. Si la persona no respira es porque está muerta, aunque algunas veces la falta de respiración no es la última palabra, porque el corazón puede estar trabajando aún. De manera que para verificar si hay respiración coloquen un espejo frente a la nariz y la boca. Si hay respiración, por muy tenue que sea, empañará el espejo.

Después que las señoras terminaron de rezar, los tres amigos se despidieron de Juaco y se dirigieron a sus viviendas. A juzgar por las preguntas, era claro que el tema afectaba a los amigos de Jose. Al día siguiente.

Rosa- ¡Vecina! ¡Vecina!
Julia- ¡Hola Rosa! ¿Cómo estás? ¿Qué te pasa?
Julia es la esposa de Lucho, vecina y amiga entrañable de Rosa. Acostumbraban hablar mucho y comentarse sus cosas, apoyadas en la pared que dividía sus predios.
Rosa- ¡Ay! Julia. Necesito contarte algo que me tiene preocupada. Tú sabes que Jimmy conmigo es especial y a veces tengo que mantenerlo a raya, pero últimamente está muy raro.
Julia- ¿Y eso? ¡Cuéntame!
Rosa- Que desde hace unos días no me dice nada cuando nos acostamos. Ni me mira, ni me toca.
Julia- ¿No será idea tuya?
Rosa- No, no. Imagínate que programó la alarma del despertador para que suene a cada hora.
Julia- Muchacha, déjense de esas vainas que ya ustedes no están recién casados.
Rosa- Ojalá fuera por eso, pero no. A cada hora tengo que ponerle un espejo frente a la nariz y la boca y comprobar que se empaña con su respiración.

3
Esa otra noche Lucho, Jimmy y sus esposas habían llegado temprano al velorio. Julia notó que su esposo estaba bastante callado y por conocerlo como lo conocía, supo que algo no estaba bien. Pero no pudo averiguarlo porque empezaron a rezar el rosario.

Jose- ¡Hola chicos! ¿Qué tal?
Lucho- ¡Hola Jose! Pensábamos que ya no vendrías esta noche al velorio.
Jose- Me atrasé un poco por cuestiones de trabajo. ¿Cómo te sientes Jimmy, estás bien?
Jimmy- Hombre sí. Lo que pasa es que me preocupa mucho lo que pasó con esa niña. Uno tiene derecho a la vida.
Jose- Y tienes razón. En la legislación nuestra existe el derecho a la vida ¿Y cuando se establece un derecho? Cuando se está negando algo. La vida es libre y espontánea. Un hombre y una mujer hacen el amor y listo. Pero precisamente a partir de ese momento empieza a ejercerse el derecho a la vida. El padre niega esa vida, la madre a lo mejor pretende un aborto. El estado clasifica esa vida y le da un número para asegurar su esclavitud. Los padres alimentan esa vida y la educan esperanzados en que más tarde ella los socorrerá. A aquel borracho irresponsable esa vida le importa un pepino, él y su carro deben pasar primero. Aquel otro cree que secuestrando esa vida ganará unos pesos. El médico sostiene esa vida a cambio de unos honorarios. Y si esa vida tuvo la fortuna de sortear todo lo anterior, varias décadas después, la misma vida se aburre de ella y la extermina.
Lucho- La verdad es que es mejor no saber nada, porque eso de la vida y la muerte es como para volverse loco.
Jimmy- En eso tienes razón, es mejor hacerse el loco. Pero como en esta vida hay de todo, uno no sabe quien es cuerdo, quien es loco o quien se hace pasar por loco.
Jose- Por la figura corporal las personas se agrupan en dos familias: los leptosomáticos o de figura alargada y los pícnicos o de baja estatura y gruesos, aunque cabe otra figura que es la mesomorfa o atlética, que es una figura intermedia entre las anteriores.
Lucho- Bien, yo estoy en el segundo grupo porque soy de estatura regular y contextura gruesa. Jimmy sería del primer grupo porque es alto y delgado. Pero tú Jose ¿A qué grupo perteneces? Porque del atlético no eres.
Jose- Yo soy bajo y delgado, lo cual quiere decir que hay otros subgrupos. Estos grupos presentan características propias conocida como temperamentos.
Así tenemos que los pícnicos gustan de las comodidades, las buenas comidas, las reuniones sociales y las fiestas. Tienen sueño profundo. En cambio, los leptosomáticos son cohibidos, les gusta la soledad, odian el ruido, son poco sociales, son nerviosos, sufren de fatiga crónica. Por otro lado, los atléticos son aventureros, agresivos, insolentes, hacen ejercicios continuamente y tienen mala bebida. ¡Oigan! ¿A ustedes qué les pasa? ¿Acaso los estoy aburriendo?
Jimmy- Disculpa Jose, lo que pasa es que cuando describías a los pícnicos me puse a analizar a Lucho y no sabía que fuéramos tan obvios.
Lucho- Sabes qué, yo también estaba pensando que tú eres el típico leptosiano ese.
Jose- Leptosomático, Lucho.
Lucho- Bueno, eso.
Jose- O.K. tranquilos, no vayan a discutir porque estamos en un velorio. Pongan atención que hay más.
Los leptosomáticos son propensos a enfermedades como la esquizofrenia, algo a los maníacos depresivos y también a la epilepsia. Los pícnicos son propensos a las enfermedades maníaco depresivas, algo a la esquizofrenia y poco a la epilepsia. ¿Ustedes qué opinan?
Jimmy- Yo no quiero opinar.
Lucho- Yo opino que es mejor dejar la vaina ahí, porque ya tengo la cabeza como una espaguetada.

A la mañana siguiente la pared de las vecinas estaba muy agitada.
Julia- ¡Rosa! ¡Rosa!
Rosa- ¡Qué te pasa Julia! ¿Por qué estás así?
Julia- ¡Mija! No es para menos. Camina y acompáñame donde el Jose ese, que él es el que le está llenando la cabeza de cuentos a los pendejos estos y ahora andan psicociados.
Rosa- ¿Pero qué fue lo que pasó? ¡Cuéntame!
Julia- Que el Lucho ese llegó anoche del velorio y se comió todo lo que preparé para el desayuno de hoy. Ahora hice desayuno y nuevamente se lo comió. Mandó que le hiciera carne asada. Son las 10 de la mañana y no ha salido a trabajar, allá está arrellanado viendo televisión y llamando a los amigos dizque para una fiesta esta noche. Le pregunté qué le pasaba y me contestó que nada, que desde ahora va a vivir como corresponde a los de su tipo Rosa- Camina y te acompaño porque ahora veo que la vaina está grave. Esta mañana Jimmy me mandó a comprar 60 pastillas dizque para los nervios.

FIN
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